¿Quieres publicar un libro? Dime tu apellido

La argolla peruana es un fenómeno social, que tranquilamente podríamos asegurar, corre por las venas de nuestro país. La popular “vara” está presente en todo. ¿Ya te olvidaste de los Miró Quesada o cuando Julio César Uribe le dio la “10” de la selección a su hijo? ¿Cómo se llamaba? En fin, ahorita te vamos a contar cómo esto se refleja en nuestra literatura. Vamos con los libros.

Si te pregunto quiénes han sido los últimos 3 presidentes del Perú de seguro lo sabes. También cuánto quedó el último partido de la selección peruana de fútbol. Ah, pero tal vez esta no la sabes. ¿Cuál fue el libro más vendido en el país en los últimos tres años? 

¿Nada? Claro pues, si lo último que leíste fue tu paper para la universidad y ya. El Espía del Inca, un choclón de 994 páginas, es el dato ganador.  

Este libro es una novela histórica. Te cuenta, con lupa y muchos documentos, un entramado alrededor de la captura del Inca Atahualpa en Cajamarca, pero tranquilo, no habrán spoilers aquí. Eso sí, recomendado: 5 Intis de 5. Pero si no conocías su libro, mucho menos su autor: un tal Rafael Dummett.

“Muchas veces ni siquiera me contestaban y las veces que me contestaron me dijeron que no era comercial, que había demasiado quechua”, le decían las editoriales con bolsillos llenos. En otras palabras: papito, el quechua no vende, sal de acá. Una visión “marketera” que resume la realidad de nuestro siempre meritocrático y lleno de oportunidades Perú. Rafael es guionista y productor de teatro y desde el 2010 (sí, desde entonces) pensó en escribir sobre los incas.

Pero no quería contar la historia trillada que ya te la sabes desde el cole. Así nació su libro, El Espía del Inca. Y sí, la respuesta que obtuvo de algunos editores es la que leíste hace un ratito.

Ya que a los editores les importaba más vender, antes que el contenido de calidad, Rafael hizo de todo: compartió sus 994 páginas por Internet y consideró aceptar cualquier propuesta, por más que fuese insuficiente. Así acordó con la nada pomposa editorial Lluvia. 

El resto ya se lo pueden imaginar. El libro se vendió como pan caliente y las otras editoriales volvieron, como tu ex, a ofrecer jugosos contratos. Números antes que calidad, así es el Perú, donde la cultura no es prioridad.

Los líos que vivió Dummett sin duda no los conocen Bayly, Wienner, Yrigoyen o Umberto Jara. En algunos casos, como el de Bayly, la vara existió desde siempre. Sin embargo, también están las historias donde te “creas” la vara. ¿Aló, Umberto Jara? Obvio, si tu libro es citado en el juicio en el que culparon al ex dictador Alberto Fujimori, ¿quién dudaría de ti? Nosotros sí, Umbertito.

Escribió El camino a Rusia y, por el fervor de la clasificación al Mundial, el libro rompió récord de ventas. No sé cuántos habrán leído lo que escribió, pero tranquilamente se podría entender como un elogio a Edwin Oviedo. Sí, el ex presi de la Federación Peruana de Fútbol que ahora está preso. Apenas lo mandaron a cana, Umbertito zafó cuerpo despotricando contra él en una columna de opinión. Nadie ahondó en el libro y continúa publicando por su reputación o, a secas, “por su nombre”. 

Hay otros que también publican por nombre. Sagasti, nuestro ex presi barbudo a lo aristocrático de la Lima colonial, es uno de ellos. Hace nada sacó “Imaginemos un país mejor y hagámoslo realidad”. Un título de libro de autoayuda que tuvo bastante difusión.

La pregunta es: ¿se habría compartido como se ha hecho de no haber sido presidente de la República? ¿De no haber sido congresista tendría tanta repercusión? Es más, de haber terminado el periodo como congresista, ¿le habrían ofrecido escribir ese libro? Ya sé. El tío Don Quijote es académico y tiene un sacón de libros en su espalda, pero ya: mencióname el nombre de alguno de ellos, porfa. Uno no más. Si no se te ocurre nada, no te culpo, yo tampoco sé los nombres.

Pero claro, gente como Sagasti que cuenta sus safaris en la selva política son la excepción. La regla de la vara, podríamos decir, son todos aquellos lecherazos que cuentan su pasado familiar en “ficción” y por su apellido rimbombante pueden cerrar contratos con las grandes librerías. Pero bueno, esa es la distancia que nos separa, querido lector.

 

Salvador Sampen

Al empezar la carrera no me gustaba leer ni escribir. Ahora solo me gusta leer. Llegué al periodismo por el fútbol y ahora me dedico a cualquier cosa menos a él.

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